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Arqueología del Bany del Carreró

Las tareas de excavación del subsuelo y reconocimiento de las estructuras elevadas permitieron conocer, en primer lugar, la incidencia de las sucesivas adaptaciones y reformas realizadas en el edificio desde 1800 al objeto de convertirlo en una moderna casa de baños, uso que había mantenido incluso después de haberse inutilizado, en el siglo XVII, el sistema calefactor propio del hammâm. También se advirtió el alcance de las obras de restauración verificadas en 1953 y 1961-63. Todas estas actuaciones habían provocado la eliminación de diversas estructuras y de buena parte de los niveles anteriores al siglo XIX, dificultando la comprensión global del edificio en determinadas fases históricas.

La disposición estructural del edificio responde completamente a una de las variedades del esquema del hammâm. Consta de tres salas rectangulares adosadas en paralelo, de este a oeste, y perpendiculares al eje mayor del vestíbulo, que se emplaza en el lado norte. Las letrinas se sitúan junto a la sala fría, en el extremo este, y la sala de la caldera junto a la caliente, en el oeste.

De acuerdo con la necesidad de mantener la atmósfera térmica, la técnica constructiva confiere gran solidez al conjunto de salas húmedas: es la única parte del edificio original que se mantiene en pie actualmente. Aquí los muros, de una anchura de 0,8 m, están construidos mediante el procedimiento del tapial, con un vertido de mortero de cal muy sólido, reforzado por una elevada proporción de gravas, y un relleno irregular de cantos y fragmentos de ladrillo. La fábrica de las bóvedas y los arcos, al igual que las jambas que definen los vanos de acceso entre las salas, se hallan construidos con hiladas de ladrillo alternadas con lechadas de mortero.

Las cimentaciones presentan soluciones diferentes y profundidades variables. La del muro que separa la sala fría del vestíbulo alcanza 1,6 m de profundidad: para su construcción se abrió una amplia franja de terreno la cual, a medida que la obra ganaba altura, se iba rellenando con el fin de facilitar la actividad de los operarios. Este procedimiento generó unas superficies de trabajo sucesivas que pudieron detectarse perfectamente durante el proceso de excavación. Las restantes zanjas de cimentación son más convencionales. Se trata de trincheras, paralelas a los muros, de unos 0,4 m de ancho a cada lado de éstos, alcanzándose una profundidad de sólo alrededor de 0,7 m.

Las salas caliente y fría, así como las dos alcobas o alhamías de la templada se cubren con bóveda de medio cañón, mientras el tercio central de ésta se halla rematado por una cúpula octogonal apeada sobre trompas. Tanto en la cúpula como en la bóvedas se abren, mediante una disposición regular, tragaluces abocinados con perfil de estrella de ocho puntas. En las letrinas, sin embargo, la cubierta es de bóveda de arista.

El reconocimiento de los muros meridionales de las salas húmedas permitió descubrir la cañería destinada a distribuir el agua procedente de la sala de la caldera. El tubo se conforma mediante el ensamblaje de piezas cerámicas, con una pendiente de dirección este-oeste que permitía la circulación del agua desde esta estancia hasta la pila de agua fría, en la esquina suroeste de la sala fría. Por otra parte, un arco de ladrillo abierto en el muro este de la sala caliente, y del que aún queda un pequeño segmento, permitía a los usuarios acceder directamente al agua de la caldera. En este mismo muro y al norte del arco de la caldera se detectó otro arco de ladrillo que bien pudiera corresponder a la pila para contener el agua caliente.

En los extremos del subsuelo de la sala caliente se pudo advertir la presencia de pilares de ladrillo de 90 cm de altura y unos 62 cm de lado pertenecientes a la galería del hipocausto, por donde circulaba el aire que procedía del horno de la caldera y calentaba el suelo antes de elevarse por los dos pares de chimeneas empotradas en los muros. Esta galería estaba cubierta por bovedillas de ladrillo que se apoyaban en series de un par de pilares, en la parte central, y en unos resaltes de los muros en los extremos.

Las aguas vertidas discurrían siguiendo la inclinación del suelo, que las conducía, atravesando las salas, hacia las letrinas, donde se iniciaba una canalización subterránea de desagüe. La excavación permitió documentar, en los suelos de las salas templada y fría, una capa de mortero de escasa consistencia que corresponde a la preparación del pavimento original, cuyas características y acabado desconocemos. Esta capa cubre todo un nivel de igualación del suelo formado con tierra apisonada.

Los vanos que comunicaban la sala central –templada– con las laterales –fría y caliente– fueron ampliados, a lo alto y a lo ancho, en épocas posteriores, aunque podemos apuntar que la medida del ancho original debió situarse entre 0,8 y 0,9 m.

La excavación permitió constatar, asimismo, el progresivo deterioro sufrido por los elementos más frágiles del edificio, motivado principalmente por las condiciones extremas de humedad y calor. Esta situación debió comportar que se llevasen a cabo, durante el siglo XV, una serie de reformas menores que no llegaron a afectar a la estructura general del inmueble.

Las obras del Cuatrocientos consistieron, sobre todo, en el reforzamiento de arquerías y la colocación de una nueva solera un poco por encima del nivel de la primera. Este pavimento sería de ladrillos y presentaría, también, algunos medallones de contorno sub-octogonal, formados por un ajedrezado de piezas cerámicas losángicas, vidriadas unas en verde y otras en blanco, recordando algunos de los apliques ornamentales de las torres mudéjares de Teruel. Algunas de estas piezas fueron halladas durante los trabajos de restauración de los años '50, haciendo creer que todo el pavimento original estaba hecho con las mismas, por lo que se fabricaron unas costosas reproducciones con las que se revistieron los suelos en 1963.

Los conjuntos cerámicos recuperados en los rellenos de las zanjas de cimentación y en las capas de acondicionamiento cubiertas por el primer pavimento, se datan perfectamente a inicios del s. XIV, en coincidencia con el testimonio documental de la construcción del edificio. Así lo indica la asociación de fragmentos pertenecientes a grandes recipientes, a veces con decoraciones incisas, cántaros decorados al manganeso, ollas grises de tradición catalana, formas vidriadas monocromas en verde y melado (lebrillos, cazuelas, jarros, "talladors" o trincheros y platos) y, finalmente, algunos fragmentos de cerámica en verde y morado del tipo Paterna "clásico".

Respecto a esta datación, resulta particularmente interesante tener en cuenta el lote cerámico aparecido en el relleno de un pozo que fue inutilizado y colmatado al construirse sobre su boca el muro norte del vestíbulo del baño, es decir, el muro que separaba el baño del horno desde que Pere de Vila-rasa construyó ambos. El depósito presenta piezas casi completas y un repertorio formal muy homogéneo que sugiere un carácter sincrónico para el relleno de colmatación. Los materiales son, además, muy similares a los antes descritos.

La tipología del edificio también encaja en la época señalada. Ya hemos señalado la asimilación, efectuada por Azuar, del Baño del Almirante con el tipo "granadino tardío" o "avanzado" de Gómez- Moreno, en el que la sala templada se halla poco diferenciada en anchura respecto a las salas fría y caliente. Es un tipo desarrollado desde el s. XIV y sus manifestaciones más simplificadas pueden verse en ejemplos rurales.

Los rasgos arquitectónicos del vestíbulo también ofrecen interés. La excavación ha permitido conocer la planta original, que concuerda con las figuras reproducidas por Laborde, las cuales permiten completar el conocimiento del alzado, destruido en 1874. Esencialmente se trata de una construcción de planta rectangular definida por un peristilo o pórtico central soportado por ocho columnas que sostienen tres arcos en los lados mayores y uno en los menores. En los grabados se observa que la sala porticada se corona con una galería de ventanas en su mitad oeste, pero esta situación corresponde a una reforma del siglo XVII, y parece probable que la galería ocupase originalmente todo el perímetro superior del peristilo. En un estudio sobre las salas con linterna central o iluminación cenital en la arquitectura granadina y marroquí, Torres Balbás presenta una serie de ejemplos donde esta solución se adopta para vestíbulos de baños: la sala de las Camas del Palacio de Comares de la Alhambra; el baño del palacio de Dâr al-cArûsa, en el Generalife; el baño de Zagora; y el hammâm al-Mujfîya de Fez, estudiado por Terrasse. Todos ellos se datan en el siglo XIV y permiten formular la conclusión de que este tipo de estructura en los vestíbulos "no se encuentra, a juzgar por los ejemplos conocidos, en ninguno anterior al siglo XIV".

Es interesante, asimismo, señalar la filiación de las columnas de la sala templada, caracterizadas por sus capiteles troncocónicos invertidos, carentes de decoración, separados del estrecho fuste por un sencillo collarino y rematados por un ábaco liso. Se trata, sencillamente, de capiteles de tradición románica con abundantes paralelos que nos remiten, genéricamente, al último tercio del siglo XIII y los inicios del XIV. Cabe destacar entre éstos, por su proximidad, las pilastras de la capilla aneja a la iglesia de Sant Joan de l'Hospital.

Convendría, finalmente, hacer referencia a los principales cambios producidos en el edificio con posterioridad a la inhabilitación del sistema calefactor característico del baño original del tipo hammâm. Como ya se ha dicho, la anulación debió tener lugar a fines del siglo XVII o, quizá, un poco más tarde. Fue entonces cuando el hipocausto se inutilizó rellenándose de escombros, aunque el establecimiento siguió funcionando como baño público, probablemente con el concurso de tinas para la inmersión de los cuerpos. El edificio se pavimentó de nuevo y, eliminados los inconvenientes de la humedad y el vapor, las paredes se cubrieron con una decoración muy al gusto barroco, compuesta por motivos geométricos en color rojo sobre una base de enlucido amarillo u ocre.

A principios del siglo XIX, coincidiendo prácticamente con la visita de Laborde, el edificio fue objeto de una importante reforma, reflejada ya parcialmente en los famosos grabados. Se construyeron cabinas individuales de baño dividiendo con tabiques las antiguas salas húmedas del baño. En el interior de cada compartimento se colocó una bañera de mármol, construyéndose para desagüe de éstas una red de canalizaciones que, en parte, aprovechaba las ya existentes.

No obstante, fue entre 1830 y 1874 cuando el establecimiento sufrió la intervención más drástica. Por una parte se regularizó la línea de calle, obligando a recortar la antigua sala de la caldera y a situar en una posición más avanzada la fachada del vestíbulo, modificándose las entradas a ambas dependencias. Por otra, se construyó un inmueble de tres plantas sobre la sala de la caldera y la mitad oriental de la sala caliente y del vestíbulo.

Las obras comportaron la eliminación de las cuatro columnas del peristilo situadas al este, bajo el cuerpo del nuevo edificio de vecinos. Asimismo, en la sala caliente se abrió una estancia subterránea y se dispusieron elementos estructurales destinados a soportar la carga del nuevo edificio. En esta misma estancia se abrió un pozo para el abastecimiento de los inquilinos del inmueble. En 1874 el propietario de los baños adquirió el horno adyacente, situado en lo que hoy es salón de actos de la Conselleria de Economía, Hacienda y Empleo; una vez demolido, aprovechó el solar para ampliar el vestíbulo de la casa de baños. Esta reforma comportó la desaparición total del peristilo medieval. En su lugar se construyó un "patio claustral" rodeado de un pórtico compuesto por columnas de fundición y provisto de seis cabinas de baño adicionales. El suelo se pavimentó de nuevo con baldosas cuadradas de mármol blanco, elevándose el nivel 0,3 m por encima del anterior.

A inicios del siglo XX el establecimiento se decoró con detalles neo-árabes, como falsos arcos de herradura y polilobulados, zócalos de azulejos de estilo nazarí y yeserías arabizantes. El proceso restaurador de 1953-1963 y el cierre de los baños en 1959 destruirán y ocultarán la práctica totalidad de los elementos introducidos en la etapa moderna y que todavía pervivían en la posguerra, con la excepción de la portada exterior y los azulejos del zaguán, eliminados éstos recientemente. Lo más llamativo, con todo, fue la destrucción, a golpe de martillo, de las bañeras macizas de mármol rosado.