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Breve reseña histórica

Construcción durante el reinado de Jaime II

La Valencia en la que entraron los primeros ocupantes cristianos en 1238 era una ciudad muy bien provista de establecimientos balnearios. El total de baños existentes en dicho momento podía acercarse a los veinticinco.

No serían más de cinco, y aun con ciertas dudas, las casas de baños que sobrevivieron a la dejadez de los años inmediatamente posteriores a la conquista.

Aunque es posible que ya anteriormente se construyese algún baño de nueva planta, es durante el reinado de Jaime II (1291-1327) cuando tiene lugar una pequeña eclosión de autorizaciones para la edificación de establecimientos balnearios explícitamente nuevos, de nueva planta y nuevo emplazamiento.

Es en este momento donde se enmarca la contrucción de los baños del Almirante. Del 25 de junio de 1313, es la licencia de construcción concedida a favor de Pere de Vila-rasa, doctor en leyes, para edificar un baño y un horno en la popula que tiene y hace construir en la parroquia de Sant Tomàs. El constructor del conjunto de edificios formado por el Palacio, el horno, el Baño y, probablemente, otros inmuebles de carácter vecinal fue pues, el caballero y jurista Pere de Vila-rasa. Las obras están en marcha, sin duda, ya en 1313 y los elementos esenciales se consideran finalizados en 1320.

El hammâm o baño de vapor "árabe" era, la forma usual adoptada por los baños públicos en los reinos hispánicos medievales. Además, no sólo tuvo una perduración que rebasó, a veces en mucho, la presencia de comunidades musulmanas en los reinos o regiones donde se asimiló, sino que llegó a difundirse, incluso, en zonas del norte peninsular que no formaron parte de al-Andalus.

Así pues, el Baño del Almirante, aunque seguía la tradición de los baños de vapor árabes, fue construido en época cristiana. El estudio histórico-arqueológico realizado por Concha Camps y Josep Torró, ha permitido conocer su construcción, entre 1313 y 1320, durante el reinado de Jaume II. El Baño del Almirante es el baño público de la ciudad de Valencia que más tiempo estuvo abierto (casi ininterrumpidamente desde el siglo XIV hasta el XX), por lo que aporta una larga y completa historia sobre la evolución que sufrió este tipo de edificios para adaptarse a las distintas prácticas de higiene.

El Baño del Almirante es un edificio de baños de carácter humilde que sirve para conocer cómo funcionaba la vida cotidiana de las clases menos favorecidas de la ciudad de Valencia. En el Baño del Almirante se desarrollaba una sociabilidad de ambos sexos. Era el lugar de reunión tanto de hombres como de mujeres, aunque en días u horarios distintos. El baño constituía un ejercicio de higiene práctica y permite conocer las relaciones sociales de cada una de las épocas.

DESCRIPCIÓN DEL MONUMENTO

El edificio consiste, esencialmente, en tres habitaciones abovedadas, la sala fría, la templada y la caliente. La mayor suele ser la templada, que puede estar cubierta por una cúpula apeada en arquerías de columnas, con alcobas en sus extremos laterales. La sala caliente, por su parte, es contigua a la caldera, a cuya boca se accede por una obertura que permite tomar de la misma agua en ebullición; el aire caliente producido por el fuego de la caldera se expande, a través de un hipocausto o cámara de poca altura, bajo el suelo de la sala, y luego asciende por el interior de los muros que limitan con la sala templada a través de unas chimeneas denominadas "escalfadors". La fábrica es de muros sólidos y muy gruesos para resistir la humedad y mantener el calor, sin más oberturas que las de las pequeñas puertas de tránsito y unas pequeñas lucernas estrelladas horadadas en las bóvedas y tapadas con vidrios de colores. Habitualmente a este conjunto, o baño propiamente dicho, se agregaba un salón con funciones de vestíbulo o lugar de reposo, además de los locales de servicio, como la sala de la caldera y el depósito de leña.

CRONOLOGÍA CONTEMPORÁNEA: EVOLUCIÓN DE USOS Y ADAPTACIONES

En los comienzos del siglo XIX el ilustrado viajero, Alexandre de Laborde, tuvo ocasión de reparar en el edificio a su paso por Valencia. Se trataba, por tanto, de la primera apreciación de la singularidad monumental del inmueble, y de ella dejó constancia Laborde en su Voyage pittoresque et historique de l'Espagne, editado en 1806, a través de una breve descripción textual y, sobre todo, unas interesantes ilustraciones grabadas donde se refleja la planta, dos secciones, dos perspectivas y tres detalles arquitectónicos. El viajero francés identificó estos "Baños de Valencia" como monumento "árabe".

Elías Tormo habla, en 1923, de estas "ruinas moriscas" como un baño árabe del s. XIII, poco anterior a la conquista. Esta misma cronología la hace constar otra vez el mismo autor en la memoria previa a la segunda declaración de monumento histórico artístico en 1944 (la primera declaración la hizo el gobierno de la República en diciembre de 1937).

Las tareas de excavación del subsuelo y reconocimiento de las estructuras elevadas permitieron conocer, en primer lugar, la incidencia de las sucesivas adaptaciones y reformas realizadas en el edificio desde 1800 al objeto de convertirlo en una moderna casa de baños, uso que había mantenido incluso después de haberse inutilizado, en el siglo XVII, el sistema calefactor propio del hammâm.

La disposición estructural del edificio responde completamente a una de las variedades del esquema del hammâm. Consta, como se ha visto, de tres salas rectangulares adosadas en paralelo, de este a oeste, y perpendiculares al eje mayor del vestíbulo, que se emplaza en el lado norte. Las letrinas se sitúan junto a la sala fría, en el extremo este, y la sala de la caldera junto a la caliente, en el oeste.

Los conjuntos cerámicos recuperados en los rellenos de las zanjas de cimentación y en las capas de acondicionamiento cubiertas por el primer pavimento, se datan perfectamente a inicios del s. XIV, en coincidencia con el testimonio documental de la construcción del edificio.

Los principales cambios producidos en el edificio con posterioridad a la inhabilitación del sistema calefactor característico del baño original del tipo hammâm debió tener lugar a fines del siglo XVII o, quizá, un poco más tarde. Fue entonces cuando el hipocausto se inutilizó rellenándose de escombros, aunque el establecimiento siguió funcionando como baño público.

A principios del siglo XIX, coincidiendo prácticamente con la visita de Laborde, el edificio fue objeto de una importante reforma, reflejada ya parcialmente en los famosos grabados.

No obstante, fue entre 1830 y 1874 cuando el establecimiento sufrió la intervención más drástica. Por una parte se regularizó la línea de calle, obligando a recortar la antigua sala de la caldera y a situar en una posición más avanzada la fachada del vestíbulo, modificándose las entradas a ambas dependencias. Por otra, se construyó un inmueble de tres plantas sobre la sala de la caldera y la mitad oriental de la sala caliente y del vestíbulo.

A inicios del siglo XX el establecimiento se decoró con detalles neo-árabes, como falsos arcos de herradura y polilobulados, zócalos de azulejos de estilo nazarí y yeserías arabizantes. El proceso restaurador de 1953-1963 y el cierre de los baños en 1959 destruirán y ocultarán la práctica totalidad de los elementos introducidos en la etapa moderna.

INCORPORACIÓN AL PATRIMONIO DE LA GENERALITAT VALENCIANA

De manera definitiva, entre 1984 y 1985, se producen las negociaciones que llevaron a la Generalitat Valenciana a la adquisición, en agosto de 1985, tanto del Baño como del Palacio del Almirante, con acceso por la calle del Palau 14 y del edificio vecino nº 12, ambos en colindancia con los baños, para emplazar la sede de la Conselleria de Economía, Hacienda y Empleo. La demolición de las casas 3 y 5 de la calle Baños del Almirante, construidas encima de los baños, fue realizada con las necesarias precauciones y situando protecciones sobre sus cubiertas.

La intervención actual sobre Los Baños del Almirante se ha planteado como una operación definitiva de conservación y puesta en valor para el disfrute social de este edificio que nos acerca a nuestro pasado y agranda nuestra ya amplia oferta cultural.