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Los Baños, el horno y las familias que lo poseyeron

Ya se ha indicado en el segundo capítulo que el constructor del conjunto de edificios formado por el Palacio, el horno, el Baño y, probablemente, otros inmuebles de carácter vecinal fue el caballero y jurista Pere de Vila-rasa. También se ha establecido que la fecha de construcción de este conjunto o pobla se sitúa claramente en la segunda década del siglo XIV: las obras están en marcha, sin duda, ya en 1313 y los elementos esenciales se consideran finalizados en 1320.

PARDO DE LA CASTA (antes de 1407-1478)

Los Vila-rasa mantuvieron su posesión hasta finales del Trescientos. Como veremos más adelante, la titularidad del conjunto se fragmentó probablemente en estas mismas fechas, desgajándose patrimonialmente el baño y el horno de la casa noble, de modo que, en lo sucesivo, ya no pertenecerían a una misma persona ni a un mismo linaje. A inicios del siglo XV el baño y el horno eran una posesión de los Pardo de la Casta, que nunca tuvieron ninguna relación con el actual Palacio del Almirante. La noticia segura más antigua es de 1407, cuando el caballero Joan Pardo de la Casta y Beatriz, su mujer, cargan un censal sobre la casa, baño y horno (alberch, bany e forn contigus) que poseen en la parroquia de Sant Tomàs. En 1466, como se recordará, Perot, hijo de los antes mencionados, obtenía del Consell municipal el derecho a cerrar con puertas la callejuela "del Bany", ya que sin duda sólo daba acceso directo al horno y al baño.

Los Pardo de la Casta, barones de Alaquàs, tenían una casa en la calle del Trinquet dels Cavallers y, particularmente, Perot Pardo de la Casta poseía otra casa ubicada en la calle de las Avellanes, cuyo extremo posterior lindaba con el baño y el horno, según se indica en 1461. El mencionado Perot o Pere Pardo de la Casta casó con Damiata de Montagut, viuda de Manuel de Montagut y madre de Montagut de Montagut, familia ésta cuya casa también se hallaba en la calle del Trinquet dels Cavallers. A consecuencia de este matrimonio la posesión del baño y el horno se transmitió al hijo que ya tenía Damiata.

En efecto, el 5 de febrero de 1451 Pere Pardo de la Casta y Damiata hicieron donación a Montagut de Montagut, hijo de ésta en sus primeras nupcias, de todos los bienes de ambos, en contemplación del matrimonio de este último. No obstante, la transmisión sólo podía hacerse efectiva tras el óbito de aquéllos. El 3 de febrero de 1472 el testamento de Pere Pardo de la Casta, recibido por el notario Jaume Pi, consumó legalmente esta donación.

MONTAGUT (1478-1531)

En 1478, una vez fallecidos Pere Pardo de la Casta y su esposa Damiata, se hizo efectiva la transmisión del horno y el baño a favor de Montagut de Montagut. Este personaje murió a fines del año 1501, poseyendo dichos inmuebles, pero intestado. En estas circunstancias el doncel Enric de Montagut fue nombrado procurador asignado a la heredad del fallecido. En enero de 1502 vendió a Francesc Joan de Montagut, hijo de Montagut de Montagut, el baño y el horno llamados del Carreró por 15.000 sueldos, a cuenta de los 30.000 que la corte civil había concedido a Francesc Joan de la herencia de su padre, considerando que otra cantidad igual ya había sido entregada por el finado a su hija Damiata en 1488. Se trataba, en definitiva, de una parte de la herencia paterna, con la que momentáneamente fue compensado.

Francesc Joan de Montagut murió en junio de 1512. En su testamento, hecho dos años antes, había dejado como heredera universal a su esposa Iolant Aguilar. En el inventario post mortem realizado al mes de su fallecimiento, figuran el "forn e bany situats e posats a la parròchia de Sant Thomàs, en lo carreró que travessa a Sant Joan del Spital, vulgarment dit de mossén Montagut".

Casi veinte años después, en marzo de 1531, la viuda Iolant Aguilar y su hijo, llamado también Francesc Joan de Montagut, vendieron a Joan Salvaterra y Maria Pérez, cónyugues, "hun bany e hun forn de coure pa contiguos, dits antigament del Carreró, situats e posats en la present ciutat, en la parròquia de Sant Tomàs, en lo carrer dit del Carreró". El precio acordado fue de 15.700 sueldos.

JOAN SALVATERRA Y MARIA PÉREZ (1531-1541)

Joan Salvaterra era un "flequer", propietario del horno cercano de Sant Cristòfol. Él y su esposa, personas de humilde extracción, sólo pudieron pagar 3.000 sueldos como adelanto de los 15.700 del precio establecido. La deuda restante se comprometieron a saldarla mediante un debitorio a un interés anual equivalente a 1/15 de dicha cantidad, esto es un 6,66 %, hasta que finalizase el plazo para la satisfacción o "quitament" de los 12.700 sueldos. El importe anual del interés, 846 s 4 d, debía pagarse en dos plazos, por marzo y septiembre. Pero Salvaterra falleció en 1536 y el plazo de vencimiento del debitorio debió finalizar sin solución o "quitament".

La viuda arrendó el baño en 1538 a un "peraire" llamado Miquel Joan Sofro (por lo que el servicio de la conducción recaería en una tercera persona). El importe anual del arrendamiento se estableció en 36 libras y su vigencia en cuatro años de firmo con posibilidad de prórroga. Por su parte, el horno se arrendó a un "flequer" llamado Ramon Berroy a cambio de 30 libras anuales. El importe del arrendamiento era percibido por los herederos de Iolant Aguilar, quienes llegaron a cargar censales sobre este ingreso.

Maria Pérez de Salvaterra, incapaz de satisfacer el "quitament", se vio abocada a deshacerse de la posesión de los inmuebles. En 1541 un miembro del extenso linaje de los Penyarroja llamado Filibert adquirió los establecimientos por medio de un intermediario. Tenemos constancia de una ápoca datada en marzo de 1542 donde se le reconoce un pago de 200 libras como parte del "preu de hun forn e bany dit del Carreró". Cabe destacar que el fallecido hornero Joan Salvaterra y su esposa habían mantenido relaciones con Francesc Penyarroja, padre de Filibert, probablemente a causa del molino harinero que estos últimos tenían en Les Arboredes, cerca de Montolivet. Al parecer, en la misma operación Filibert Penyarroja compró a Maria, también, el horno de Sant Cristòfol.

PENYARROJA (1541-1613)

Cuando Filibert Penyarroja compró el baño seguía vigente el arrendamiento que hiciera en 1538 la viuda de Salvaterra a Miquel Joan Sofro. Una vez agotada su vigencia, en agosto de 1546, el baño fue arrendado a Miquel Junquer en condiciones idénticas a las del contrato de ocho años antes. El documento menciona específicamente "hun bany... posat en la parròquia de Sent Tomàs, vulgarment dit lo Bany del Carreró". En abril de 1551, ya fallecido Filibert Penyarroja, eran arrendatarios del baño Miquel Junquer, hijo del primer Junquer, y su mujer Aldonça.

Los conductores del horno adyacente no coincidían tampoco ahora con los del Bany del Carreró: en la misma fecha el Forn del Carreró estaba arrendado al "flequer" Lluís Pérez y a su esposa Àngela por 30 libras anuales.

Filibert ocupa un lugar un tanto impreciso en la compleja genealogía del linaje de los Penyarroja. Sabemos que era hijo de Francesc Penyarroja (hay otros homónimos), doctor en ambos derechos, casado en 1500 con Elionor Marrades, con quien tuvo otro hijo llamado Manuel. Por su parte, Filibert casó con Isabel Joan Pertusa, y cuando él murió ella estaba preñada. En el testamento designaba heredero universal directo al hijo que su mujer esperaba y, en su defecto, a Bernat Lluís, hijo de su hermano Manuel. Tras la publicación del testamento nació su hijo póstumo, Joaquim Tomàs, "que morí al cap de un any", en 1552.

Bernat Lluís Penyarroja accedió, de este modo, a la herencia de su tío, aunque sujeto a la tutela de su padre Manuel, dada su corta edad. El horno y el baño le pertenecieron hasta el momento de su muerte, durante un prolongado período de 46 años: "Bernat Lloís Penarroja, vivint, tenia y possehia en la present çiutat quatre forns y cases y un Bany del Carreró".

Como su tío, Bernat Lluís falleció sin descendencia en 1598. Su patrimonio pasó a manos de un pariente suyo, Marc Antoni Penyarroja, hijo de Francesc Penyarroja (no confundir con el padre de Filibert) e Isabel de Casanova. Este Francesc Penyarroja, según parece, era primo de Bernat Lluís; fue el primero en intitularse Bou de Penyarroja y en pretender al vínculo de los Bou.

Casó Marc Antoni en dos ocasiones. La primera con Anna Duart, con quien no tuvo descendencia, y la segunda con Jerònima de Castellví. Falleció en Madrid en 1611, dejando un hijo recién nacido, llamado Mauro, que apenas le sobrevivió un par de años. Se conserva un retrato suyo entre los de los personajes del brazo militar pintados para decorar el palacio de la Generalitat en 1593. El inventario de sus bienes, hecho por su viuda Jerònima, incluye cuatro hornos y un baño. Los hornos son el de la Boatella, el de la calle del señor de Borriol (parroquia de Santa Caterina), el de Sant Cristòfol (calle del Mar) y el "forn de core pa situat y posat... en lo carrer dit del Bany del Carreró", el cual limita "ab lo dit bany" y con una casa de la herencia de Francesc Aliaga. El baño aparece en el inventario como "una casa eo bany vulgarment dit del Carreró... que afronta ab les sobredites afrontacions" ya señaladas para el horno, lo que no deja de resultar impreciso.

El patrimonio heredado por Marc Antoni Penyarroja (o Bou de Penyarroja) de su tío Bernat Lluís incluía, sobre todo, el molino harinero antes citado y los cuatro hornos, con el baño del Carreró, en el interior de la ciudad. Filibert Penyarroja no sólo había adquirido el horno adyacente al baño, sino también otro "en la plaça de micer Joan de Gallach" (parroquia de Santa Caterina). El Forn de la Boatella, "alias dels Penarroges" era uno de los más valiosos de la familia y había sido adquirido por Vicent Penyarroja en 1489 por 12.000 sueldos.

La asociación entre el baño y el horno es de carácter físico y queda explicada por la ventaja de un abastecimiento común de combustible. Por otra parte, el vínculo establecido entre el molino y los hornos tampoco es casual, y su conocimiento nos permite comprobar la coherencia económica del patrimonio de esta familia, más allá de los azares derivados de su formación a través de compras y legados.

Un documento importante en este sentido es el proceso iniciado en 1598 por Gaspar Fuster, doméstico y administrador de los negocios de Bernat Lluís Penyarroja, contra los albaceas de éste. Cinco testimonios cifran la renta anual del finado en más de 2.000 libras, "les quals consistien en lo que procehia de dit molí, quatre forns, un bany, moltes cases y diversos çensals, terres al dit molí contigües". El molino, llamado de Les Arboredes, era "molt principal". Estaba situado "davant de Montolivet" y tenía cinco o seis muelas, al decir de Baltasar Alemany, "flequer" –amasador y vendedor de pan– arrendatario del Forn de les Repenedides, quien había sido presionado repetidamente por Bernat Lluís para que llevara el grano a su molino. Si el Penyarroja podía coaccionar a los conductores de hornos ajenos y arrancarles compromisos de utilizar su molino en exclusiva (por ejemplo saboteando los concursos de arrendamiento), con mayor motivo cabe pensar que el dominio de los hornos propios garantizaba la moltura del grano de los "flequers" arrendatarios en su molino, vendiéndose luego en el almudín el producto de la tasa en grano que les tomaba al moler. Estas gestiones las realizaba, con diligencia, el administrador Gaspar Fuster.

Todos estos hechos permiten comprender el interés del linaje, nada casual ni arbitrario, por acumular hornos en su patrimonio. En este contexto, uno de los hornos adquiridos –precisamente el menos rentable– se presenta conjuntamente con el baño adyacente, lo que explica la predisposición de los Penyarroja a seguir explotando éste en fechas tardías, pese a la decadencia de tal tipo de establecimientos.

EL VÍNCULO DE LOS BOU DE PENYARROJA (1627-1800)

La muerte prematura del hijo de Marc Antoni Bou de Penyarroja, en 1613, provocó el inicio de una serie de pleitos contra la viuda Jerònima de Castellví. Las causas se substanciaron por un sobrino del fallecido, Llorenç Bou de Penyarroja, ante la Real Audiencia, conservándose expedientes de los años 1616 y 1618. El promotor del proceso era hijo de Francesc Gaspar y de la baronesa de Senija, María Zapata, y nieto de Gaspar Penyarroja y Jerònima Villalba. El Gaspar abuelo era hermano de Francesc, el padre de Marc Antoni. Al parecer los pleitos dieron su fruto y Llorenç accedió finalmente a la herencia de su tío poco después, en algún momento entre 1621 y 1627.

Llorenç casó en primeras nupcias con Josefa Sisternes. El hijo de ambos, Policarp Bou de Penyarroja, recibió en herencia los hornos y el baño. Fruto de un segundo matrimonio, con Felicia Sisternes, nació otro varón a quien llamaron Gaspar. En 1688, a raíz de una serie de procesos iniciados en 1660 sobre la sucesión al frente de la administración del Hospital d'En Bou, los hermanastros Policarp y Gaspar consiguieron arrebatar el disfrute de ésta a la famila Despuig i Bou. Esto se consiguió mediante una concordia acordada para evitar una interminable sucesión de costosos pleitos.

En virtud de dicho pacto, Vicent Despuig i Bou renunció a la mencionada administración, pero fue compensado con una asignación vitalicia de 225 libras anuales consignadas sobre las rentas de dos hornos y un baño poseídos por Policarp. La mayor parte de esta suma debía aportarla el Forn de la Boatella (156 libras), quedando unas 28 libras a cuenta del llamado Forn "de l'Almirant" y sólo 21 del Bany del Carreró de "l'Almirant", del cual se dice "que està al costat de l'antecedent forn". Esta cifra da una idea de la escasez de los ingresos que podía proporcionar un baño público a fines del siglo XVII.

Tras la muerte de Policarp –quien no dejó hijos– y la de su hermanastro Gaspar, el patrimonio de los Bou de Penyarroja pasó a un hijo de este último, Aurelio Félix, el primer y único miembro de la familia que consiguió la posesión efectiva de los títulos y bienes de los Bou, merced a una tardía sentencia de 1749. En la época de Aurelio Félix el baño seguía abierto al público, aunque indudablemente ya no era el original baño de vapor. Las leyendas explicativas del plano parroquial del padre Tosca muestran que el número 20 representa la situación del "Baño llamado del Almirante", y el 28 la calle del Palau, cuya acera derecha incluye "las tres casas dentro de la callejuela del Baño del Almirante".

Aurelio Félix Bou de Peñarroja fallece en 1759 sin sucesión directa. Heredará su patrimonio el hijo de una sobrina suya, María Ana, hija de su hermana Felicia y esposa de Joaquín Martínez de la Raga. El heredero, Francisco Tomás, cambiará sus apellidos por los de Bou de Peñarroja. Fallecido asimismo sin descendientes, heredará el vínculo familiar el hijo de su hermana Antonia María y de Miguel Escrivà y Faus, llamado Lorenzo, quien también adoptará el apellido Bou de Peñarroja. Este Lorenzo recibirá, por otra parte, el título de conde de Rótova en 1801.

PROPIETARIOS MODERNOS (1800-1984)

Casualmente, Lorenzo Bou de Peñarroja es uno de los escasos nobles valencianos que aprovecha las disposiciones desamortizadoras de Godoy para deshacerse de parte del vínculo familiar. Acogiéndose a los decretos de 1798-99 que permiten la enajenación de vínculos y mayorazgos, en fecha de 8 de marzo de 1800, vende a Vicente Plancha la casa-baño situada en la Calle del Almirante por 1.400 libras y 10 sueldos. El horno queda pendiente de remate.

El nuevo propietario reforma el establecimiento y crea una casa de baños moderna provista de costosas pilas de mármol: la casa que es objeto de la famosa visita de Laborde en 1804. Gregorio Plancha, hijo de Vicente y "hacendado vecino" de Valencia, vende al comerciante Mariano Carsí, en 1828 y por 11.000 libras (165.000 reales de vellón), la "casa baño de habitación y morada con todos los muebles y enseres", situada en el "Callizo del Baño del Almirante", así como también "el agua del pozo y leñera que hay en frente dicha casa, aderente a la misma una escalera bajo de tierra y un quarto en la misma calle, todo anexo a la propia casa".

Mariano Carsí adquirió a la Hacienda pública, entre 1828 y 1833, derechos de venta de aguardiente en el reino de Valencia. El elevado precio exigido le obligó a hipotecar, entre otros bienes, la casa-baño del Callizo del Almirante. Poco después, el establecimiento pasó a ser propiedad de Francisco Mª Pérez de Lasarraga y, en noviembre de 1838, se vendió la finca, en su nombre, a Dª Águeda Tejada, viuda de Santibáñez, por 18.000 libras, lo cual representa un importante incremento de valor respecto a las 11.000 en que fue tasado diez años atrás. Probablemente la revalorización refleja la construcción de la casa de vecinos, así como la ampliación y mejora de la calle, efectuada a principios de los años 1830. En 1847 la nueva propietaria cancela la hipoteca contraída por Carsí.

Durante la epidemia de cólera de 1855 fallece Águeda Tejada. Recibe la casa en herencia su hijo Luis Antonio Santibáñez, aunque en la práctica ya debía encargarse de la gestión del inmueble: en 1849 Zacarés lo considera propietario del baño y lo califica como persona instruida. Algunos años después, en 1864, Santibáñez adquiere el horno adyacente, el antiguo Forn del Carreró o "del callejón titulado del Baño del Almirante", que se había vendido por separado hacia 1800, y recompone la antigua unidad con el baño. El precio es sólo de 38.000 reales de vellón (9.500 pesetas), muy inferior al pagado por el baño. El horno lo vende Josefa Blat, que lo tenía desde 1819; anteriormente había pertenecido (hasta 1816) a Jaime Fernández, contador del consulado de la ciudad de Valencia, y luego a Nicolás Sales y Juana Escrig.

El horno es derribado y agregado al edificio de los baños para ampliar el atrio, que ahora de dotará de un pórtico con columnas de fundición, rodeado de nuevos cuartos con bañeras. La obra de renovación termina en 1874.

En 1892 tiene lugar el óbito de Luis Santibáñez, quien a causa de su soltería deja herederas de los baños a Consuelo y María del Carmen, hijas de Mariano Chiner, encargado del establecimiento y residente en un entresuelo habilitado en el antiguo solar del horno. Carmen Chiner fallece en 1944, viuda y sin descendencia. Instituye heredera universal a su sobrina, Consuelo Blasco Chiner, hija de su hermana y co-propietaria de la finca, que había muerto en febrero de 1937.

Siendo propietaria Dª Consuelo Blasco, la casa de baños "del Almirante" cerró sus puertas al público en 1959 y, tras la restauración del arquitecto Ferrant, pasó a albergar un gimnasio, siendo finalmente adquirido por la Generalitat Valenciana en 1984. Concluían 640 años de continuidad, prácticamente ininterrumpida, de servicio balneario público en el mismo edificio. Un caso realmente singular, sin duda.