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Las visiones de un monumento “árabe”

En los comienzos del siglo XIX el ilustrado viajero, Alexandre de Laborde, tuvo ocasión de reparar en el edificio a su paso por Valencia. Ni siquiera Orellana en su manuscrito, anterior en muy pocos años a la visita del francés, aduce algún comentario especial al mencionar esta "antigua" casa de baños que subsistía en la ciudad, a finales del Setecientos, con el nombre del quebrado callizo "del Almirante" en donde se ubicaba. Se trataba, por tanto, de la primera apreciación de la singularidad monumental del inmueble, y de ella dejó constancia Laborde en su Voyage pittoresque et historique de l'Espagne, editado en 1806, a través de una breve descripción textual y, sobre todo, unas interesantes ilustraciones grabadas donde se refleja la planta, dos secciones, dos perspectivas y tres detalles arquitectónicos.

El viajero francés identificó estos "Baños de Valencia" como monumento "árabe" de forma ciertamente paradójica, al reconocer en el edificio una estructura similar a la previamente descrita en las ruinas de los baños –ciertamente no "árabes", como hemos visto– de Barcelona y Girona, con una parte destinada a vestíbulo y otra al baño propiamente dicho, dividida en tres salas húmedas dispuestas perpendicularmente a aquél. El vestíbulo –que ocupa la mitad norte de la planta– estaba provisto entonces de un peristilo, actualmente desaparecido, cuyos arcos se representan en el grabado con traza de herradura, apoyados sobre columnas de fuste cilíndrico, de mayor grosor que las existentes en la parte húmeda.

Pero el material gráfico de Laborde debe interpretarse con cuidado. Deliberadamente omite la reproducción de los tabiques separadores de las cabinas de baños que, en el año 1800, había dispuesto el nuevo propietario de la casa –Vicente Plancha– con el fin de instalar pilas de baño individuales al uso moderno, "desfigurando" la estructura, según las palabras del propio Laborde. Los grabados tratan de ofrecer, así, una restitución fiel del baño original, pero idealizan y orientalizan detalles que no se podían percibir con precisión a causa de las reformas y tabicados que ocultaban las arquerías, no reflejados en las figuras. Los reconocimientos efectuados en 1991 permitieron determinar la falsedad de la herradura atribuida a los arcos peraltados de las salas fría y templada, como también la del supuesto apeo lateral de éstos en columnas adosadas o pilastras, dado que, en realidad, los arcos se apoyan directamente sobre los muros.

De hecho, en las descripciones de Zacarés (1849) y del marqués de Cruïlles (1876) no se mencionan en absoluto los arcos que separaban las alcobas en las salas húmedas: simplemente no se veían. En cuanto al peristilo del vestíbulo, demolido en 1874, en el propio alzado de Laborde se aprecia que los vanos se habían cegado en su casi totalidad. A este respecto, un comentario reciente de Carles Boigues hace notar la "imprecisión del dibujo de Laborde sobre el modo de apoyarse los arcos de herradura en la columna".

Las descripciones posteriores a Zacarés y Cruïlles son más escuetas. Elías Tormo habla, en 1923, de estas "ruinas moriscas" como un baño árabe del s. XIII, poco anterior a la conquista. Esta misma cronología la hace constar otra vez el mismo autor en la memoria previa a la segunda declaración de monumento histórico artístico en 1944 (la primera declaración la hizo el gobierno de la República en diciembre de 1937). La datación al final de la época musulmana ha sido asumida, más recientemente, en los catálogos monumentales de la ciudad de Valencia (M.A. Català,1983) y de la Comunidad Valenciana (D. Benito, 1984), así como en el tratado de Basilio Pavón (1990), todos los cuales coinciden en atribuir al baño una fecha entre fines del siglo XII e inicios del XIII.

Por otro lado, la publicación de la obra de conjunto sobre los Baños árabes en el País Valenciano (1989) aportó nuevas contribuciones que no revisaban sustancialmente lo ya dicho, aunque algunas, incluso, remontaron más aún la cronología, pese a no contar con documentación directa en la que sostenerse. Boigues analizó los módulos compositivos y los tipos de arcos reproducidos en las figuras de Laborde, señalando una filiación pre-califal para los del peristilo, califal para los de la sala templada y almohade para los de la fría, diferencias que este autor atribuía a "reformas durante la época islámica o bien al uso diferenciado de cada sala... por razones estéticas". Pedro Lavado afirmaba que el baño correspondía a la "tipología taifa" y que parecía haber sido construido en los siglos XI al XIII, aunque en otro momento señalaba que sería "obra de los amiríes de Valencia", y por tanto de mediados del siglo XI teniendo en cuenta, sin duda, la supuesta denominación de Baño de cAbd al-Malik.

La clasificación tipológica propuesta en la obra antes mencionada por Rafael Azuar es, sin duda, la más acertada. Atendiendo a la composición de la planta, advierte su correspondencia con el tipo que Gómez- Moreno calificó de "granadino tardío", caracterizado por la escasa diferenciación de la sala tibia central respecto a las laterales y datable en época posterior al siglo XIII. Sin embargo, la identificación tradicional del Baño del Almirante con el llamado de cAbd al-Malik –mencionado repetidas veces en el Repartiment de la ciudad–, incita a Azuar a admitir que "ya existía en el momento de la conquista" (año 1238), lo que le permite plantear la hipótesis de que su planta sea un "eslabón intermedio entre el baño de gran sala tibia cuadrada sobre la que gira el baño... y los más sencillos del siglo XIII en adelante". Pero la identificación con el baño de cAbd al-Malik –que ha condicionado mucho las adscripciones cronotipológicas aducidas– es absolutamente falsa y, además, esta circunstancia ya fue bien argumentada en su momento por otros autores